El eco de tu ausencia resuena en mis oídos, eterna y adorada dueña mía.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que llenaste el vacío entre mis brazos? Tan poderoso hechizo que aún siento, estás presente a pesar del olvido. ¿Qué hice para sufrir el destierro? No pertenezco a esta tierra de nadie a la que me condenaste, dejándome el amargo sabor de la nostalgia.
Recuerdo los rayos del sol brillando tras de ti, extraño la calidez de aquellas tardes que pasé inmerso en la contemplación de tu sonrisa... Algo logró hacerme más fuerte y no puedo evitar preguntarme dónde estás.
La última vez que te ví, luché con el alma por ser fuerte para dejarte ir; ya nada podía hacer pues no eras la misma que conocí. El mundo te cambió y en tu rostro hermoso no pude volver a ver la persona que me hizo sentir que había encontrado mi lugar.
Me heriste, y aún así te sigo pensando. Tonto de mí...
Aquellas cartas que escribí. ¿Acaso aún las lees? ¿Arrancaron una lágrima de tu fría mirada, o las lees para reírte? Algún defecto debías tener, malvado debía ser tu espíritu en compensación a tus maravillosos dones.
Quisiera pagarte... Acariciarte con mi indiferencia, envenenarte a besos, abrazarte hasta que te quedes sin aire y atravesar tu dulce corazón con la espada de mi desesperación. Espero no volver a encontrarte, ya no quiero.
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