lunes, 27 de septiembre de 2010

Placebos de felicidad...

Quisiera tener un rumbo para perderme, quisiera que se apagara la luz de mis ojos para no seguir viendo esta oscuridad. ¿Dónde van las tristezas cuando nos arrancan un pedazo del alma? Seguramente se van hacia el olvido.
Palabras que nunca pude decir, sentimientos que nunca vieron la luz del día. Todo porque la vida insiste en hacer de mí un payaso con el cual reírse. Parece que nunca acabaré de pagar el precio, no puedo derramar las suficientes lágrimas para pagarlo.
Ojalá supieras lo mucho que duele tu sonrisa cuando veo que te alejas. Me pregunto si conoces la desesperación que se apodera de mí mientras me mantengo firme cual guerrero ante la tormenta, todo porque no veas mi debilidad.
Tendré que esperar por otra oportunidad, otra derrota para recordar. Nací con el poder de encontrar ángeles, pero no con el poder para hacer que se queden a mi lado. Los he visto caer, los he visto llorar, los he visto convertirse en demonios, los he visto desaparecer, los he visto felices al lado de otros; pero no los he visto sonreírme a mí.
Soy la botella que un náufrago lanzó al mar con la esperanza de llegar a manos de alguien que lo salve. No llegará el mensaje que contiene, el mar es muy grande y la botella tan pequeña. Asímismo soy yo de pequeño, así de grande es mi soledad.
Eres la noche serena que me embelesa y me calma. Quisiera hacerte saber que deseo conocer los misterios que se esconden tras esos trémulos gestos de tu rostro, daría todo por romper el velo de tu silencio con estas palabras.
Sube el telón en el teatro de mi desgracia, y soy espectador en primera fila para verte actuar en el escenario de mi resignación. Celebremos con el vino de la ausencia, tengamos una sobredosis con placebos de felicidad...

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