sábado, 18 de septiembre de 2010

Anhelos en una noche de luna...

El día que deje de pintar tu rostro con el acuarela de mi tristeza, ese será el día que te olvide. La noche que deje de dibujarte con los luceros de mi amargura, esa será la noche de la despedida... Poco a poco se me terminan las palabras, parece que no existen las suficientes cuando se trata de ti.
Misteriosa pasión con olor a silencio, te dejo ir creyendo que ya no te necesito pero luego vuelvo abatido cuando quiero refugiarme del mundo. Es útil ser masoquista cuando se conoce el dolor de un abrazo vacío. Busco encerrarme, aislarme de todo intentando escapar al influjo de tu existencia. Estoy atrapado en la fuerza de gravedad de tu recuerdo...
Ni siquiera puedo terminar con mi vida, ya que pensaría en ti al último momento; entonces, de haber otra vida, igualmente te llevaría conmigo. ¿Cuándo terminará esta desolación? ¿ Alguna voz llegará a mi sórdida razón?
Este sentimiento de ansiedad, unido a estas ganas de poesía dicen que mis palabras quieren otra dueña. Nacen para caer en la desgracia de tu ausencia y no puedo hacer nada por consolarlas.
En mi soledad, quisiera escuchar el murmullo de palabras que nazcan para mí. Palabras que se repitan en el sonido del viento cuando mece a las viajeras nubes, que pueda leer en la mirada de quien me espere.
Luna mía hermana de los sueños, amiga de los locos, novia de los poetas y compañera de los desventurados; permite a aquella que me sueña recoger todos los suspiros que me has guardado y cósele alas de plata en la espalda para que ilumine la noche de mi pensamiento...

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