martes, 14 de septiembre de 2010

Delirante corazón...

¿Cómo no sentir miedo si ya no puedo confiar en palabras de aliento, ni mucho menos en miradas compasivas? Temo a lo que oculta una hermosa sonrisa y tiemblo al pensar en los horrores que surcan las mentes de aquellas que no han pasado desapercibidas a mi delirante corazón.
¿Levantaré mi rostro una vez más? Aún me duelen antiguas heridas, perennes recordatorios de ilusiones pasadas. No sé si soy capaz de seguir adelante como antes, porque puedo pretender que no me importa pero no puedo obviar estos conocidos dolores.
Mi alma me anima, mi espíritu combativo se niega a aceptar la derrota; pero un espíritu mutilado no es buen aliciente. Me quitaron las alas, me estrellé contra la fría verdad, tuve que tragarme mi furioso orgullo y beber del cáliz de la resignación. Encadenarme a una realidad que no quería y no podía aceptar, descubrir un falso pasado. Cruel castigo es no estar seguro de la sinceridad en los pocos buenos recuerdos...
Quizás si no pensara que soy una nube pasajera, tal vez si no pensara que cuando paso a tu lado no soy más que un objeto que ocupa un espacio... ¿Tan siquiera me notas?
Lo más seguro es que no puedo querer a nadie porque es más sencillo. Creo que no puedo entender a los demás, es parte de mi naturaleza. Entonces no debería cavilar y dejar que te disperses en el torrente del tiempo; sólo eres otro recuerdo que he de olvidar, últimamente se me hace fácil olvidar las cosas.
Tan callada elocuencia, tan serena ensoñación, tan lejana calma, tan anhelada rendición; embeleso y reposo del sentido... Pero podrias ser espejismo que ciega la razón y guía hacia el abismo de la perdición.
Invoco a los fantasmas atormentadores. ¡Átenme bien, miserables! Diviértanse con mis despojos y recuérdenle a este delirante corazón que, tras la búsqueda de nuevos destinos, existen pesarosos y familiares presagios de derrota.

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